El té galés: una tradición nacida en la Patagonia

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Equs es la única casa de té galés de Bariloche. La familia Gough, a cargo del emprendimiento, es parte del linaje de Lewis Jones, uno de los impulsores de la primera colonización galesa que llegó a la Patagonia en 1865.

Texto: María Eugenia De Cicco
Fotos: Clara Bustinduy y Ramiro Ojeda

 

A fines de los años 90, Alex Gough y Elfie Thumman se quedaron sin trabajo. Él trabajaba en un campo como administrador y ella era docente. Ante esta situación se encontraron con la necesidad pero, a la vez, con la oportunidad de emprender un “viejo sueño”: tener su propia casa de té galés. De hecho, ambos se habían conocido muchos años antes en El Bolsón en “Rhona Hue”, la casa de té galés de Eurhona Lloyd, la madre de Alex, quien fuera nieta de Lewis Jones, uno de los grandes impulsores de la gesta galesa a la Patagonia en 1865.

Llegó el invierno a la Casa de Té Galés & Posada de Campo Equs (foto de Ramiro Ojeda).

 

Con la venta de una pequeña propiedad que tenían, compraron una antigua y famosa hostería que debieron remodelar totalmente pero sin que pierda la esencia arquitectónica que la caracterizaba. En 2002, luego de un año de mucho trabajo y la ayuda de amigos que, incluso, les prestaron tazas y platos, abrieron Equs Casa de Té Galés. Diez años después, sumaron una posada de campo con siete habitaciones.

Junto a sus hijos, Eduardo y Andrés llevan adelante el emprendimiento familiar y están comprometidos con la difusión de la cultura galesa.

“La ceremonia del té galés es una tradición totalmente patagónica, no se conoce en Gales, sin embargo, es una costumbre que implementaron los colonos galeses cuando llegaron a las costas argentinas”, asegura Andrés Gough, chozno de Lewis Jones.

El 28 de julio de 1865, un grupo de 150 personas provenientes de Gales, luego de más de dos meses de navegación, llegaron a lo que hoy se conoce como Puerto Madryn, en la provincia de Chubut. Fueron 8000 millas a bordo del velero “Mimosa” para cruzar el Atlántico y llegar al continente americano en pleno invierno. Este grupo de migrantes galeses buscaba en las remotas tierras del sur -cedidas por el gobierno argentino-, un nuevo comienzo, donde poder sentirse libres para expresar su cultura y su idioma. “Tras su llegada a fines del siglo XIX, los colonos debieron atravesar extremas dificultades por la falta de agua dulce, las tierras desoladas, las inundaciones provocadas por las lluvias, los vientos fuertes, las extensísimas distancias y las temperaturas bajo cero. Si lograron subsistir fue gracias a su gran esfuerzo, con jornadas de trabajo que comenzaban y terminaban con la luz de sol, al apoyo del gobierno argentino y a la excelente relación que entablaron con los pueblos originarios”, explica Andrés, licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y gran estudioso de la historia de sus raíces galesas. Finalizada la jornada de trabajo, los colonos regresaban a sus hogares donde las mujeres los esperaban con una merienda para recuperar energías, con té y una torta bien calórica con los ingredientes que disponían en aquella época: pasas de uva, azúcar negra, frutos secos, harina, cognac y distintas especias para perfumar.  “Desde sus inicios, el té galés tuvo la intención de ser un refuerzo alimenticio, muy habitual en el campo. El trabajo pesado exige un consumo adicional de calorías”, indica Gough. “Como la masa de esta torta no lleva ni leche ni crema, puede conservarse durante mucho tiempo. Su proceso de elaboración ha sido cuidadosamente resguardado a lo largo de los años. Las distintas recetas no suelen variar en cuanto a sus ingredientes, pero la forma de preparación sí es un secreto bien guardado por cada familia galesa”, agrega.

Cada mañana, Elfie elabora artesanalmente las preparaciones que integran el desayuno para la posada y el servicio de té: panes, scons, distintas tartas dulces y la famosa torta galesa. Todo se sirve con té negro orgánico en hebras, pasta de ciervo y cremas saborizadas y dulces y mermeladas caseras elaboradas con los frutales que hay en la propiedad. Además, cuentan con una huerta orgánica, jardín de aromáticas, plantación de lavandas y gallinas ponedoras. “Somos una hostería verde certificada, fue un trabajo muy intenso de dos años y año tras años nos auditan a fin de mantener la calidad y la certificación”, explica Elfie. “Tenemos biogestores para la cocina, guardamos el agua de lluvia para riego, nos abastecemos del agua de vertiente que es bien pura y elaboramos shampú y jabones para la posada de manera orgánica con la lavanda que producimos aquí mismo. Todo se recicla, hacemos compost para las plantas y la huerta y los deshechos de la cocina son alimento para las gallinas”, señala.

La mesa armada para disfrutar de la experiencia del té galés en Equs (foto de Ramiro Ojeda).

 

En noviembre de cada año, entre diversas actividades para la comunidad y para los emprendedores,  Equs participa de la “Noche de los Museos” brindando charlas y conferencias  y abre las puertas a los visitantes ávidos de conocer la historia de la inmigración galesa en la Patagonia. En el lugar hay libros, documentos, objetos y fotos históricas, además de reseñas que explican detalladamente el protagonismo de distintos colonos galeses en la historia y el desarrollo de la región. Localidades como Puerto Madryn, Rawson, Gaiman, Dolavon, Trevelin y Esquel, entre otras, son el testimonio vivo de la historia galesa en estas latitudes, donde su identidad y costumbres se han arraigado fuertemente.

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La casa de té tiene capacidad para 30 cubiertos, está abierta todo el año y se recomienda reservar previamente.

Equs Casa de Té & Posada de Campo

Av. Bustillo km. 18.5; Bariloche

Abierto de: Todos los días menos los miércoles, de 16 a 20 hs. En temporadas se sirven desayunos de 9 a 11 hs.

Tel. (0294) 4824745

E-mail: thegoughcompany@gmail.com 

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