Dialéctica de la civilización

TEXTO ÁNGELES SMART

Desde tiempos inmemoriales el arte y la naturaleza mantienen una relación inalterable. La naturaleza es y ha sido una constante fuente de inspiración desde el mismísimo Paleolítico. A partir de las últimas tres décadas del Siglo XX el Eco-Art, el Land Art o el Arte Medioambiental han comenzado a ganar espacios y adeptos. También artistas. La salvadoreña Verónica Vides, que reside en El Bolsón, es una de ellas.

Los motivos inspirados en la naturaleza existen desde que existe el arte. Las pinturas rupestres del Paleolítico son sólo una muestra de cómo el hombre organizó, desde la Prehistoria, sistemas de representación artística donde no sólo las líneas, sino también los animales, como los renos, mamuts, caballos y ciervos, fueron excusa para la expresión y la creatividad. Ya en el Neolítico aparecen, además de las formas animales, también el ser humano, el medio circundante y los modos de la interacción de las colectividades con el entorno. A partir de allí la naturaleza en toda su belleza no ha dejado de inspirar a las distintas artes de todos los tiempos y de todas las geografías. Pero es recién a mediados de la década del ´70 del siglo pasado que muchos artistas de las filas del Eco-Art, del Land Art y del Arte Medioambiental, en sintonía con el crecimiento de la preocupación y la problemática de la destrucción de los recursos naturales, han abordado el tema desde la denuncia, el malestar y el llamado a la reflexión.

Verónica Vides, artista salvadoreña que reside en El Bolsón desde el año 2011, es una de los artistas de la Patagonia que más se destaca en esta línea por su prolífica y comprometida obra. Y este interés no lo ha desarrollado acá -como podría pensarse- estimulada por los paisajes, el contexto y el modo de vida en el sur del continente, sino que ya desde 1999 las formas de la naturaleza la cautivaron. Todo comenzó cuando se encontraba en México cursando una beca para perfeccionarse en las técnicas del esmalte y horneado a altas temperaturas en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Durante su estadía se fue unos días a la ciudad de Jalapa y allí vio unos panales que le gustaron tanto que decidió “plagiarlos”. Lo interesante fue que en ese momento no sólo incorporó a las figuras humanas de terracota que venía haciendo, motivos de la naturaleza, sino que con la siguiente pieza que quiso realizar, ya vuelta a su país, tuvo que incursionar en nuevas técnicas: “Cuando volví a El Salvador fui a un bosque de Mangles en el mar. Son árboles típicos de las costas y como crecen donde la marea sube y baja tienen unas raíces increíbles con las cuales se aferran a la tierra. Como se acercaba la edición de la Bienal de Arte Centroamericano del 2001, mi idea fue hacer una raíz, y como no podía hacerla de barro, me fui a un taller mecánico para hacerla en hierro. Así surgió la obra “Mangles” que fue seleccionada. Desde ahí me entusiasmé con la idea de poder hacer algo positivo con las chapas, con los desechos industriales y con la chatarra”.

De esta preocupación surge la serie “Plagas” que está conformada por esculturas, instalaciones e intervenciones en la naturaleza y es una extensa labor y relexión sobre el impacto de la civilización en el medio natural. Empezó con la obra “Polillas” (chapas de hierro, 114 piezas de distintos tamaños, 2004), que “bordó” con hierro en paredes en el 2007 y 2011,“Semillas de auto” (20 piezas ensambladas de fragmentos de autos viejos, 2016) y “Barba vieja” (arañas de varillas de hierro, 53 piezas de distinto tamaño). Sus materiales son siempre deshechos no biodegradables con los que recrea formas y patrones inspirados en la naturaleza. “Intento reparar el daño ya hecho a nuestro mundo circundante, mi idea es tomar esos despojos y transfigurarlos en una forma estética nueva que nos hable de la dualidad no sólo que hay en la naturaleza sino en el modo en que nos relacionamos con ella y entre nosotros”, cuenta mientras observamos los libros de metal hechos con chapa de autos de distintos colores. También pertenece a esta serie la obra “Eslabón de Lujo” (chapas de lavarropas, diversos tamaños, 2015), que en un primer momento contó con 29 piezas que, previamente a ser adquiridas por Ramiro Ortíz-Gurdian, estuvieron en la Bienal Centroamericana en San José de Costa Rica en 2016. Verónica Vides todavía tiene otras 19 piezas de la obra que pudimos apreciar en Bariloche ya que fueron parte de la muestra colectiva “Heterografías. Espacios de pertenencia y alternativas de la identidad”, que estuvo a principios del 2016 en la Galería de Arte Farrarons-Fenoglio. En esa ocasión, la pared izquierda de la planta baja de la galería fue invadida por estas formas orgánicas que asemejaban insectos o escarabajos recorriendo el espacio. Tanto individualmente como en conjunto, transmitían esa mezcla de fascinación y temor, que parecen provocar todas sus obras.

Verónica suele recordar los años de su adolescencia y primera juventud en El Salvador signado por la violencia de la guerra interna, una anquilosada y conservadora Academia de Arte a la que decidió no entrar y algunos proyectos y acciones con sus compañeros de diseño. También cuenta cómo probó suerte en los Estados Unidos y porqué ese país definitivamente no le gustó para quedarse. Relata constantes incursiones en un arte comprometido políticamente, como su intervención en el 2006 “Trabajo barato”, en el Centro Cultural de España de Buenos Aires, donde entrevistó a personas que trabajan en los baños que no tienen salarios fijos y que son todos inmigrantes de provincias del interior o de otros países. Abajo puso textos en vinilo con sus biografías. En este momento está exponiendo “Invisibles”, en el Centro de Exposiciones Melipal de Esquel, una obra basada en la antropología del genocidio. Imitando el trato que se les dio a los habitantes originarios de la Patagonia, tomó gente contemporánea, les midió los cerebros y el rostro, hizo dibujos y los catalogó colocándoles sellos en la piel. También dibujó a Margarita Foyel, al Cacique Inacayal y a sus familias, siguiendo antiguas fotografías, para después -en una acción que fue registrando en video- ir borrándoles el rostro como testimonio de lo que había sucedido.

El lugar que se hizo en el mundo artístico centroamericano, exponiendo obras en Nicaragua, República Dominicana, Costa Rica y también su país natal, hoy sigue dando sus frutos y sus vínculos con el trópico son constantes. En agosto estará participando en Guatemala de la muestra colectiva Tres mas tres en la Galería Sol del Río. Allí envió los dibujos de su última serie “Mimetizadas”. Esta última surge cuando se muda a vivir a orillas del Río Azul. La experiencia del contacto con la naturaleza fue muy fuerte y se le hizo evidente que aunque uno sea responsable la invasión sobre el entorno es inevitable: “En ese momento me empecé a preguntar: ¿cómo lograr estar en la naturaleza pero sin que se note? La idea era dar cuenta de la posibilidad real de una relación más sana con nuestro entorno. Así fue que salió la acción “Devoluciones” donde le entregué a la gente de la calle la basura que se había tirado y la intervención “Cuadrada” en el Lago Rivadavia”. Si bien no es parte de esta última serie, la obra a tres manos -junto con Gabriela Hernández y Agustina Araujo- “Deriva”, pieza tejida con sauce imitando un wampo, a la que se le colocaron objetos simbólicos y biodegradables que la gente fue sumando, y se largó por el Río Azul a manera de ofrenda nació de la misma inquietud.

Es un hecho que la relación del hombre contemporáneo con su entorno está distorsionada. El dominio, la manipulación y el cálculo la contaminan y corrompen. Pero como nunca todo está perdido, esta relación también a veces manifiesta signos de respeto y encuentro, basados en la contemplación, el goce y el disfrute. Dialéctica o ambigüedad de la civilización dirían algunos. Y también Verónica Vides, ya que su arte no sólo es un manifiesto a la posibilidad de una relación otra con la naturaleza, sino una militancia concreta y material en favor de la misma. Su arte, como anticipo, es una praxis que genera y promueve una forma de vida, que aún y a pesar de todo, estamos a tiempo de realizar.

Verónica Vides
San Salvador, 1970.

Colecciones públicas:

– Colección Ortíz-Gurdian, Nicaragua.
– Ministerio de Asuntos Exteriores, México.
– Museo Contemporáneo de Arte y Diseño, Costa Rica.
– Fundación Teorética, Costa Rica.
– MARTE Museo de Arte, El Salvador.

www.veronicavides.com

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