Chocolate craft con acento premium

A través de la combinación de materia prima belga, productos patagónicos y la elaboración artesanal, Chocolaterie Van Wynsberghe apuesta a escribir un nuevo capítulo en la historia del chocolate en Bariloche.

La historia de Chocolaterie Van Wynsberghe comienza mucho antes de julio de 2015, cuando inauguró su primer local en la galería comercial del Hotel Llao Llao. Mis abuelos llegaron desde Bélgica cuando comenzó la II Guerra Mundial y se instalaron en Buenos Aires. Enamorados del sur argentino, hicieron su casa en llao llao donde las vacaciones familiares de invierno y verano nos reunían con chocolate belga”, explica María Eugenia Locreille -o simplemente, Cory-, artífice del emprendimiento. “Del placer de las cosas que me quedan de la casa de mis abuelos, el chocolate belga es la que más recuerdo. A la distancia, entiendo que eso era un lujo”, agrega.

Luego de estudiar comunicación social en la universidad y realizar distintos viajes, María Eugenia vivió durante dos años en Santiago de Chile, donde estudió cocina en el Instituto Culinary. Tiempo después, “las vueltas de la vida” la trajeron nuevamente a Bariloche, esta vez, para instalarse junto a su familia. “¿Por qué no hacer chocolate belga?”, pensó al no encontrar en la ciudad aquel sabor entrañable de su infancia. La nostalgia de su paladar sumada a su pasión por la cocina, la llevaron a viajar y capacitarse a Chicago, Estados Unidos, en la Academia Callebaut, marca belga que produce chocolate premium desde el grano de cacao desde 1911. Luego, viajó a Ecuador a conocer las plantaciones de cacao, interiorizarse en el trabajo de los granjeros en el manejo del fruto, el proceso de la caña de azúcar y la producción de leche, ingredientes fundamentales en la producción de chocolate. “Una vez que me sumergí en este mundo y me sentí segura del concomiendo adquirido, empecé a pensar en el desarrollo del producto y así surgió la chocolaterie. Además, Bariloche es el espacio ideal para traer y rescatar la historia de inmigrantes”, explica.

Chocolates con identidad

Los chocolates de Van Wynsberghe proponen un juego de sabores y asociaciones originales: el bombón de lavanda -su producto estrella- presenta una sutil presencia de la infusión de la semilla de la lavanda que se combina con un semiamargo. Hay bombones praliné, con pistacho, avellanas y almendras. “Los belgas fueron los primeros en combinar los frutos secos con el chocolate”, acota María Eugenia. Una de las últimas creaciones de la firma son las frutillas liofilizadas cubiertas en chocolate blanco y chocolate leche. La técnica de liofilización permite la conservación de los alimentos preservando todas sus nutrientes y características organolépticas. También ofrecen láminas de chocolate amargo, leche y blanco, combinados con pimienta, cáscaras de naranjas, cristales de sal marina, café liofilizado, semillas de cardamomo y canela caramelizada, entre otros.

La pasión por la calidad y el esmero en la asociación de sabores valieron el reconocimiento de Van Wynsberghe por parte de la Embajada de Bélgica en Argentina, que eligió sus chocolates para las reuniones protocolares. “Es un verdadero orgullo”, acota.

“Somos la unión entre el mejor chocolate y los frutos de la Patagonia, esa es nuestra mejor presentación. Nuestro trabajo es muy artesanal, cada bombón está pintado a mano. Sólo usamos berries, flores y frutos secos orgánicos de pequeños productores de Bariloche y El Bolsón. No usamos ningún conservante más que el azúcar para hacer alguna pulpa”, asegura sobre la esencia del emprendimiento.

Difundir la cultura del chocolate

“Chocolate Tasting” es una actividad que desarrolla Van Wynsberghe para promover y estimular el conocimiento sobre el mundo del chocolate. Se trata de una charla introductoria al mundo del chocolate con degustación de distintos tipos de chocolates. La actividad comienza con un repaso por los tipos de granos de cacao, las diferentes zonas de producción mundial y sus características, el proceso de producción y la historia del chocolate, desde los relatos indígenas hasta la era industrial. Luego se catan nibs de cacao y chocolates de distintos orígenes. “Es un recorrido sensitivo donde se puntualizan los registros de las sensaciones organolépticas que produce cada varietal”, indica María Eugenia. A continuación se degustan trufas patagónicas con sabores típicos como la rosa mosqueta, los ahumados, los frutos del bosque y la conocida flor de lavanda, para aprender a reconocer bombones complejos y de calidad. Para finalizar la experiencia, se catan láminas de chocolate semiamargo, leche y blanco con especias para despertar los sentidos y explorar nuevas sensaciones.

“Armonías entre el vino y el chocolate” es otra propuesta para sumar conocimientos, actividad creada conjuntamente por Anabella Alcuaz -referente de Patagonia Vinos Wine Store- y María Eugenia Locreille. Las asociaciones entre ambos productos están pensadas para “educar el paladar”, afirma.

Si bien “Chocolate Tasting” y “Armonías entre el vino y el chocolate” son actividades que se realizan en los locales de Van Wynsberghe y Patagonia Vinos, respectivamente, ambas pueden dictarse en otra locación, a pedido del cliente, tanto en castellano como en inglés.

Chocolaterie Van Wynsberghe

Concept Store

Galería Comercial del Llao Llao Hotel & Resort, Av. Bustillo km 25 – Bariloche

Sweet Point & Fábrica

Av. Bustillo km 15,5 – Bariloche

También pueden conseguirse en:

Patagonia Vinos Wine Store

Av. San Martín 586 – Bariloche

vwchocolats@gmail.com

www.vanwynsberghe.com.ar

Facebook: Chocolaterie Van Wynsberghe

Instagram: @chocolaterievanwynsberghe

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