Soñar, planificar y navegar

Cerveza Patagonia y AIRE entrevistan a referentes del #espiritupatagonia: conservación, educación y búsqueda constante de excelencia. En esta oportunidad, conocemos la historia de Nicolás Cantini, un experto y apasionado deportista que fabrica sus propios botes, Jonok, y organiza distintos recorridos por ríos y lagos de la Patagonia.

 Hace 20 años que Nicolás Cantinivive en Bariloche y su vida, de muchas maneras, está asociada al kayakismo. Es rosarino, aunque siempre estuvo vinculado con la Patagonia. “Mi padre–cuenta- es ingeniero Civil y nos mudábamos permanentemente. De hecho, me crié en Río Turbio, Santa Cruz”.

Rosario, además de estar “siempre cerca”, es una ciudad específicamente fluvial y la impronta del gran Paraná determina la vida de la ciudad. Y allí, frente al río, comenzó su relación con el agua,  con el remo y los deportes acuáticos, una tradición familiar, además, ya que su padre remaba en canoa y en su juventud, como para seguir fantaseando con los recorridos del ADN, ya había hecho su viaje iniciático por la Patagonia. “Siempre me regaló libros y cosas relacionadas con los viajes y las aventuras, una forma de transmitirme sus pasiones. A 13 años me regaló un kayak y empecé a remar por la costa rosarina. Pero al principio no me dejaba cruzar el río. Remaba muchísimo, todo el tiempo. Llegué hasta a no ir a la escuela: me “hacía la rata”, sacaba el kayak y me iba a la isla frente a Rosario”,relata.

Ya en Bariloche, dónde llegó con el propósito de estudiar Educación Física, se había transformado en todo un conocedor de los rincones del Parque. Sólo faltaba agregar al menú las circunstancias y los detalles relacionados con el kayakismo de lago, el kayak de travesía: “Esta modalidad se relaciona directamente con el kayak de mar. Incluso se trata de los botes que utilizaban los habitantes de Groenlandia y los esquimales para navegar en el océano. Y, de alguna manera, comencé nuevamente y me volví a vincular con el mundo del kayak, primero con excursiones, después con los cursos y la fabricación de botes. Ahora tengo un combo de todo eso. Incluso escribí un libro (Kayaking. Guía de Travesías), el primer material escrito sobre kayak en Argentina”, cuenta.

Cantini, ya instalado en la Patagonia, advirtió que las posibilidades que ofrecía el mundo del kayak eran amplísimas. “Me profesionalicé más y comencé a estudiar todo lo relacionado con el kayak en el mundo, a interiorizarme en el kayak de mar y  así inicié un proyecto de profesionalizar la actividad, que incluye ofrecer capacitación y  fabricar botes. Vivir en la Patagonia me permitió entender todo lo que había para hacer. Realmente estamos en la puerta de un paraíso para remar, explorar e incluso hacer cosas por primera vez y llegar a lugares donde no ha ido nadie. Era cuestión de “hacerse al agua”. Comencé, entonces, a fabricar  y navegar con mis propios modelos. Eso, creo, fue lo que hizo que Jonok tenga una estampa diferente. Yo fabricaba los botes, hacía los viajes, publicaba todo en redes sociales y mucha gente me escribía directamente, atraída por el viaje y más porque lo hacía con los botes que yo fabricaba. Hay gente que me ha comprado botes a ciegas, sólo por ver los viajes que hacíamos”, reflexiona.

La idea de construir sus propios botes fue para Cantiniun trabajo paulatino, razonado e inexorable. Sólo había que ponerse en movimiento, sólo había que hacerlo.“Al principio utilicé como base a viejos kayaks que yo tenía. Fui consiguiendo, de a poco,  modelos europeos o estadounidenses cada vez mejores, fui sacando ideas y haciendo pruebas. Los probaba, cambiaba detalles y de a poco fui avanzando: actualmente tenemos 4 modelos, muy diferentes uno de otros. Con todos hice algún viaje en río, mar o lago. Y sobran los proyectos, pero no me alcanza el tiempo”, asegura. “Los primeros botes que hicimos fueron de fibra de vidrio: se hace una matriz del mismo material y luego se lamina el  bote dentro de esa matriz, lo que puede demorar entre siete y diez días, dependiendo del fabricante. Después combinados con un amigo hicimos un modelo de “rotomoldeado”, que ya es de plástico, como que se rotomoldean en talleres en Buenos Aires. De a poco le fuimos agarrando la mano al procedimiento”, afirma.

Jonok, la marca, ha evolucionado, razona Cantini, y le ha permitido continuar viajando y experimentando.  “Jonok financia los viajes y la locura”, afirma entre risas.  Por ejemplo un viaje a Bolivia. “Fabricamos un kayak que se desarma en tres partes y con nos fuimos en colectivo hasta Bolivia, donde hicimos 1000 kilómetros por el río Mamoré, uno de los afluentes más grandes que del Amazonas, una zona muy poco explorada.  Eso fue un sueño. Pero se dificultaba transportar el kayak. Entonces imaginamos un kayak de fibra de vidrio que se pudiera desarmar. El lugar es muy diferente y no con dificultades técnicas como las que enfrentamos en la Patagonia por el viento y aguas muy  bravas, pero sí tuvimos que resolver otro tipo de dificultades como los mosquitos, los animales  o la selva. Tardamos más de un mes. E hicimos un tramo de 700 kilómetros sin ningún acceso, sin ningún camino o entrada. Lo particular era que en toda la cuenca, las distintas culturas navegaron siempre con canoas de troncos ahuecados de siete u ocho metros de largo y remos simples, de una sola hoja. Cuando nos veían navegar con los botes de fibra de vidrio y remos dobles, no podían creer la velocidad que alcanzábamos y lo eficaz que era el remo doble. Incluso nos querían comprar los botes en todos lados. Yo se los hubiera dejado pero no teníamos cómo seguir el viaje”,sostiene.

El concepto del kayak está asociado a las idea de viaje o de aventura. Implica desafiar los propios límites e intentar conocer siempre un “poco más allá”. Cantini, en este sentido, ha “bajado” muchos ríos que viajan de la Cordillera de los Andes al Pacífico y de los Andes al Atlántico, lo que supone ajustarse a exigencias y condiciones muy diferentes. “Hacia el Pacífico, todo arranca de manera muy caudalosa. Cuando vas llegando al océano, surgen ríos con meandros enormes y lugares increíbles. La desembocadura en el Pacífico es violenta y llena de energía, bellísima, con muchos kilómetros de fiordos.  A todos los amantes del kayak les suelo decir que se trata de un lugar extraordinario al que deben ir alguna vez. Otra lugar fabuloso para navegar es la zona del Campo de Hielo”, explica. Cantini, experto y apasionado kayakista, ha navegado por la zona de El Chaltén, el Lago Argentino o los glaciares Spegazzini y Upsala, ha “remado” por toda la Costa Atlántica argentina y también por ríos y lagos de la Patagonia, a ambos lados de la Cordillera, entre otros sitios extraordinarios. “La Patagonia es un lugar fabuloso. Hay mucho para hacer y no te alcanza la vida para conocer todo lo que hay que conocer. Todos los meses de marzo hacemos un cierre de temporada con un viaje en kayak y en esta oportunidad vamos a organizar un recorrido a Tierra de Fuego, a sumar mares australes, frío y viento”, afirma.

Cantini, además, dicta cursos sobre kayakismo (aprobados por Parques Nacionales) que por lo general se dirigen a residentes. La idea, explica, es concientizar a los deportistas respecto a lo que implica navegar en lagos y ríos. “Se trata de un curso muy completo que ya va por su décimo quinta edición. Tiene una parte teórica que es el corazón de la capacitación porque es muy importante enseñar de qué se trata la actividad. Las destrezas técnicas se pueden aprender y lo importante es saber qué es navegar: hay que aprender sobre geografía de costas, sobre el viento, sobre planificación de una travesía, sobre reglas de navegación. Al respecto tengo un segundo libro, “Navegantes en kayak”,todavía inédito. Se hacen prácticas en pileta y en el lago. La idea es siempre brindar las herramientas necesarias para que la gente sepa de qué se trata el kayakismo, el equipo profesional para usar, saber prevenir cualquier contratiempo y cómo resolver las dificultades. Estamos enfocados en la prevención”, afirma. La tarea pedagógica de Cantinies más amplia. “Hace dos años tengo una escuela con residentes, con quienes salimos todos los fines de semana de la temporada de verano: son salidas instructivas, donde vamos desarrollando todos los temas del curso y los kayakistas van planificando sus propios viajes y travesías. Tratamos de hacer navegaciones diferentes en distintos lagos para que puedan entender cómo funciona el clima en el Parque Nacional Nahuel Huapi”.

Durante las salidas prueban los botes que fabrican.  “Tenemos el modelo, Ukumarí, el primero que hicimos, que es un bote con el que se puede hacer cualquier cosa. Tiene una buena capacidad de carga y muy buena estabilidad, es un bote ágil y muy bueno para guiar o estar trabajando en el agua. Otro modelo se llama Maelstrom (diseño de Nicolas Silim): es como el Ukumarí pero con algunas características más técnicas, con buena capacidad de carga, cinco metros de largo y un poco más inestable. Pero es un bote más técnico. Mi objetivo es que la gente viaje. La esencia de Jonok es planificar, soñar, ver un recorrido y después ir, hacerlo y disfrutarlo de una manera segura. Es una tarea muy gratificante. He planificado viajes mirando el Google Earth, que para mí es como una Biblia,  tomando como supuestas muchas cosas porque no conseguía información: nadie había ido en kayak a esos lugares. Lo que me pone contento es que la gente pueda hacer eso con nuestros botes”,explica.

Jonok

“Jonok quiere decir “navegante” o “marinero”. Es como los tehuelches llamaban a las personas que andaban en el agua”, explica Cantini. Los botes Jonok, de acuerdo a lo que explica su fabricante, son para viajar y no de competición. Tienen que cumplir tres características fundamentales: comodidad, seguridad y ofrecer la capacidad de disfrutar la travesía. Existen, además, botes de plástico para ríos de montaña de baja dificultad. Jonok  también ofrece un modelo grande para hacer itinerarios más largos en el mar, con más capacidad de carga.

 Río Pichi Leufu

Con un bote de plástico, ideal para navegar ríos de montaña, hicimos cosas que nunca hubiésemos creído que se pudiesen hacer. En septiembre de 2018 fuimos al río Pichi Leufu. Bajamos desde la Ruta 23 hasta la Represa Alicura, donde el río Pichi Leufu se une con el Limay. Cien kilómetros de río. Fuimos con equipo para dormir y comida. El recorrido nos tomó dos días, un rápido tras otro, con un bote de travesía, corriendo rápidos a vista, por paredones y cañadones.  Realmente extraordinario. He hecho muchas cosas en kayak y esta “bajada” está entre las más divertidas, lindas y alucinantes que hice. Y cuando salimos a Alicura, nos detuvo Gendarmería Nacional durante cuatro horas: era el único lugar por donde se podía salir”.

(Nicolás Cantini)

MÁS INFO:

http://jonok.com.ar/

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